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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS DE GOLGOTA21

Pues ya tenemos banda nueva en Sanlúcar. Y da la impresión que con un proyecto bien argumentado y con los pies en el suelo, que no es poco. De la entrevista con el recién estrenado director se pueden extraer interesantes conclusiones, entre las que destacaría el formato purista de la banda, con más cornetas y apenas bajos, lo cual la diferenciaría de lo habitual de esta época en este tipo de formaciones. Y por otro, ese anunciado regusto por lo clásico, que buena falta hace, pues este estilo en algunos casos parece andar un poco extraviado, y un regreso a los orígenes puede ser una buena medicina.
Luego habrá que ver si prospera un estilo propio o se queda por el camino, si afecta la aparición de esta nueva formación a las ya existentes, o en definitiva, si el proyecto cuaja o se queda a las puertas como otros que antes lo pretendieron. Lo que no cabe duda es que se ha generado ilusión, interés y expectación, y de que el camino tomado tiene visos de ser apropiado. Para lo demás el tiempo actuará como juez inapelable.

A vueltas con este tema, aunque desde otra vertiente,  y en otro ámbito, es de tener muy en cuenta como en estos tiempos, a una gran parte de cofrades y allegados, únicamente gustan de escuchar la triunfal música del éxito. Es decir, se ha instalado en nuestras cofradías una irremisible tendencia al reconocimiento de supuestos méritos, que hace que ya no solo se repudie cualquier crítica recibida, sino que se mire de soslayo el silencio complaciente, o la negativa a regalar lisonjas, en la creencia de su merecimiento. Así, es hoy común como en toda conversación al uso, el interesado de turno te ofrezca la oportunidad, o te invite directamente, a que le ofrezcas los reglamentarios halagos, y de no ser así, pues te encuentras como respuesta el desdén o hasta la hostilidad del supuesto emérito ofendido. Todo ésto, me hace que pensar, que no es buena señal que se convierta este mundo cofrade nuestro, en un escaparate de adulaciones, loas y laureles, donde los participantes estén con el único objetivo de ser convenientemente requebrados por sus legiones de incondicionales adeptos. Los valores y las devociones, deben de seguir siendo los pilares de las cofradías, y si éstos se apartan de lo espiritual para entregarse a los personalismos, habremos equivocado la dirección de nuestro sendero vital. A ese paso, terminaremos cambiando los Evangelios, por “La hoguera de las vanidades” del genial Tom Wolfe. Y no creo que sea una lectura precisamente muy apropiada.


                                                           Ricardo F. Monge Hermoso

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