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Faltan días para el Domingo de Ramos

RUBORES OTOÑALES

No se si será cosa de la avanzada edad que ya gastamos, pero estos primeros días de octubre le traen a uno más sonrojos que a una mocita en sus primeros amorios. Eso de verse en paredes y panfletos, lo emociona a uno, y aunque no se sea muy de besamanos y sotanas, ser centro de atención no disgusta a nadie, y menos a alguien como un servidor, cuyos días de gloria quedan ciertamente bastante alejados.
Entre los platos fuertes de estos eventos, la exaltación poética ocupa un lugar destacado, con esa Iglesia Mayor repleta de cofrades y paisanos, que varias horas antes esperan ansiosos la aparición de los grandes trovadores encargados de pregonar las virtudes de este Patrón tan estimado por su pueblo.
Pero a mi, lo que me chifla, es la procesión. De verdad, es mi debilidad. Esas calles atestadas de fieles y devotos, esas multitudinarias representaciones de entidades civiles y religiosas, el lujo de los enseres, o la gallardia de las elegantes andas procesionales, salidas de las manos de los mejores orfebres de Andalucía. Como no, la elevada destreza de las numerosísimas cuadrillas de costaleros, dirigidos por abundantes capataces y auxiliares, pues nadie quiere dejar pasar la ocasión de figurar en la delantera del paso. Tras el mismo, el armonioso sonido de las mejores bandas, siendo innumerables los ofrecimientos de toda la geografía regional, originando verdaderos quebraderos de cabeza a la organización para su gestión.
En definitiva, un evento multitudinario donde no falla ningún sanluqueño, incluso produciéndose una riada de desplazamientos de muchos paisanos que regresan expresamente para este singular día, planificando vacaciones y días libres. Fijense como será la cosa, que ante la inclemencia lluviosa del pasado año, fue tal la presión popular que se produjo, que hubo que habilitar otra fecha de urgencia, para poder cumplir con este ineludible trámite. Y ello, a pesar del berrinche del sector más casposo y rancio del capillerio, siempre dispuestos a aguar la fiesta a los demás y que está vez, al menos, terminaron pipando.
Esto, sin embargo, no siempre ha sido así, y estos tiempos de abundancia y esplendor son flor de hace dos ratos como quien dice, siendo antaño estos días de octubre, grises y desanjelados, dándose incluso el caso, hoy impensable, de que muchos sanluqueños hasta aprovechaban el día festivo para salir de viaje y de compras. Afortunadamente, esos tiempos quedaron atrás, gracias al esfuerzo de muchos a los que nunca lo sabremos agradecer como es debido.
Como único pero a tanta felicidad, hay que objetar que no sólo de misas, pregones o procesiones vive el hombre, y esta abundancia de afectos dejan la boca seca como la mojama, y quitando la postexaltación, poca ocasión más hubo de echarse algo al coleto, y además, contando con que los presentes en Getsemaní eran muchedumbre numerosa como la arena de la playa, pues al final volvimos a terminar con el gaznate como el esparto.
Así que, estimados parroquianos, sugiero incorporar alguna partida presupuestaria para convidar al protagonista, que por si no lo saben, esta mano diestra aparte de la pluma también es capaz de empuñar un catavino. A ver si nada más que vamos a sacar las carteras para invitar al cura.


Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

                                                                                                                    
                                                                                                         Lucanus

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