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Faltan días para el Domingo de Ramos

EL TUMULO DE LAS BANDAS OLVIDADAS

Les aportamos de forma especial este artículo que escribió nuestro compañero Ricardo Monge para la revista sevillana “Armonía Cofrade”, dedicada a la difusión y proyección de la música procesional. El mismo fue publicado en el número 65 de la misma correspondiente a los meses de septiembre-octubre de 2013. 





ARMONIA COFRADE. SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2013.


EL TUMULO DE LAS BANDAS OLVIDADAS. 


Es éste un lugar, donde reposan de modo indefinido aquellas bandas que habiéndose desintegrado en su día, quedaron relegadas del recuerdo de los participantes de la Semana Santa. Así, todas aquellas formaciones que algún día pasearon palmito y acordes por las inigualables calles sevillanas, tras diversos infortunios vieron trocados el esplendor de Laraña, Francos, Cuna o Argote de Molina, por los yermos parajes de este túmulo, de donde muy insólitamente se sale.

Un sinfín de formaciones de todo tipo y estilo, llenan sus estancias desde los tiempos antiguos, hasta muy recientes. Las hay militares, como la del Regimiento de Granada, o la de los Húsares de la Princesa. Civiles, como aquella llamada Giralda, o la sindical de Educación y Descanso. De música, como la de Camas, agrupas como San Julián, de cornetas y tambores, como la de la Exaltación. Por supuesto que las hay, de aquellas que fueron formadas por Hermandades, como Esperanza de Triana, Trinidad o Cristo de la Sed, y también particulares, como la del Maestro Patón.

En los últimos tiempos sobre todo, se ha tenido una fuerte demanda de plazas por parte de bandas de cornetas y tambores de localidades cercanas a Sevilla, (o de Sevilla misma), que tras unos años de presencia en la élite, su posterior salida de la misma, ha terminado por provocar su paso a las lúgubres estancias del túmulo, principalmente, por el desperdigamiento de los mejores efectivos de las mismas. Hoy, en el mundo cofrade, todo el mundo quiere formar parte del león, aunque sea en su cola, y nadie ni se plantea ser cabeza de ratón, por muy bonito que se lo pinten. Lo mismo ocurre en otros ámbitos de la vida cofradiera, como costaleros, vestidores, etc, y en el de la música no iba a ser menos, sobre todo en este apartado de las cornetas y tambores que tan íntimamente ligado está a la Semana Santa.

Se me vienen a la mente formaciones, como Salud de Utrera, Corona de Espinas, Santa Genoveva, Expiración de Morón o Cautivo de Sanlúcar la Mayor, entre otras, que se vieron coronadas tras un importante trabajo previo, para posteriormente verse abocadas a la caída, desaparición y posterior olvido. Con lo que me hace reflexionar, si en más de una ocasión hay que plantearse muy pausadamente el salto a este Olimpo de las bandas que es la Semana Santa de Sevilla, por las consecuencias que a la larga te pueda traer, pues si dificilísimo es llegar, más aún lo es mantenerse, sobre todo viendo en que se está convirtiendo la gestión de los nuevos contratos, donde las Hermandades, abrumadas por ofrecimientos y presiones, aprovechan para sacar enormes prestaciones de quien quiera ocupar uno de los contadísimos sitios vacantes.

Todo esto, me lleva a llegar a dudar de cómo ciertas formaciones muy prestigiadas de fuera de la provincia de Sevilla, tratan por todos los medios, de buscar algún contrato que los haga poder poner en su currículum alguna participación en la Semana Santa sevillana, estando incluso dispuestos a regalar parte de su prestigio por ello. Creo que son movimientos delicados, pues ya hemos visto que se corre el riesgo de que estás actuaciones se terminen convirtiendo en una especie de canto del cisne, previo a posibles infortunios.

Porque al final estos pecados de presunción, se terminan pagando con el sempiterno purgatorio del túmulo. La gloria suele ser siempre efímera, y el dulce sonido de los aplausos, se puede tornar en sones lastimeros dentro de este temible exilio. El día se volverá oscuro, y se apagarán el sonido del metal y la percusión. Solo quedará silencio, o cuanto menos, el apagado sonido de aquellas marchas que no volverán. No, no es Bécquer. Es el olvido.

Así, en algunas tardes del mes de marzo, cuando la luz empieza a pintar de Semana Santa las viejas calles de Santa Cruz, si hay suficiente silencio se puede llegar a oír, así, pianísimo, el sonido de algunos fragmentos de marchas ya proscritas, que han volado con el viento del sur desde el desdichado túmulo, a esas añoradas calles cofradieras para las que fueron compuestas. Porque al final, las grandes damnificadas de estas hecatombes musicales, son aquellas marchas, que propias de cada formación olvidada, abandonan para siempre su lugar natural de existencia, acompañando a sus bandas en su destierro, privando a Sevilla y a su Semana Santa de su armónica presencia. Caro precio en música para las emociones humanas. Tributo de vanidades, para poner número a la moneda de mayor valor en la vida. El tiempo.

                                                                                               Ricardo F. Monge Hermoso
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