Título
Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. EL DEBER DE ESTAR


( a Ricardo, Paco, Juan, Josemi)

Una vez una persona me dijo: “Cada cargo tiene su carga”. Una de esas frases que a bote pronto te parecen tontas, obvias e incluso infantil, pero que quedan en tu interior y va resonando y calando en tu pensamiento hasta que te das cuenta de lo profunda que es la sabiduría popular, y de cuanto significado tiene esta simple afirmación.

En este mundo de las Hermandades y Cofradías, esta afirmación tiene mucho peso. El cargo que un miembro de Junta de Gobierno, colaborador, pregonero, capataz, costalero…conlleva una carga, que no en todos los casos es la misma, pero si que reporta una cierta responsabilidad, que te hace tener que estar en lugares, situaciones, o momentos en los que no te gustaría estar allí y estar en otro sitio lejano. Además, se da el caso que estas cargas suelen llevar acarreadas normalmente un extra, que es la incomprensión de los Hermanos de tu propia Hermandad y en algunos casos de los Cofrades en general.

 
Esta Cuaresma he vivido dos momentos en los que he vuelto a pensar que a veces esa carga es demasiada pesada para el cargo que cada uno representa, y sin querer, me ha llevado a otros momentos vividos en años anteriores que apuntalan este pensamiento. La carga de cada cargo te hace estar donde tienes que estar y no donde quieres estar. A veces, estás en el Quinario de tu Hermandad, en el Pregón que tanto has soñado, o acompañando de listero o contraguía el paso de la Virgen de tus amores, en vez de estar a muchos metros de distancia. Tu cargo te hace estar físicamente donde tienes que estar, pero tu mente y tu corazón están lejos, con quien de verdad quieres estar. Acompañándolo en sus últimos suspiros en esta peregrinación terrenal.

Sirvan estas palabras para todos los que han tenido que  estar en algún momento en el sitio que les correspondía y no donde querían. Mi más sincero respeto, por dar ejemplo de compostura a pesar del dolor o la intranquilidad que en esos momentos sentían. Y los que se fueron, seguro que se sintieron orgullosos de saber que sus seres queridos estaban cumpliendo como personas íntegras con su obligación, y que jamás dejaron de acompañarlos.


Antonio Romero González
Copyright © 2014 GOLGOTA21