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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO VEAS CORTAR.

El refranero español es muy amplio, y aunque no lo conozca en profundidad, me gusta mucho hacer uso de su sabiduría para ilustrar lo que ocurre en el día a día. Así, de esta manera, y viendo la situación que se vive en la Semana Santa de nuestra ciudad, que ya se ha vivido en otras ciudades, se me viene a la cabeza el refrán; “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

Como en el mundo de la economía, la política, etc., lo que va ocurriendo en un lugar del mundo, al cabo de un tiempo, se reflejan las consecuencias en el otro extremo del mismo, como el más fiel reflejo del efecto mariposa. Pues así ocurre también en nuestro mundo cofrade. Esta sabiduría meramente empírica, debería ser usada para el bien de nuestra Semana Santa y ser usada para evitar los males que hemos visto, y estamos viendo, en otras Semanas Santas de nuestra geografía, sobre todo en la madre y maestra, Sevilla.

El ser humano no suele aprender de las lecciones ajenas, necesita el escarmiento en sus propias carnes para asumir el aprendizaje. Es nuestra naturaleza, en vez de evitarnos el sufrimiento porque ya lo hemos visto en otros, esperamos a sufrirlo para interiorizar la enseñanza.

Desde hace ya unos años, se está debatiendo mucho en algunos lugares sobre la controversia entre la cantidad y la calidad en el mundo cofrade. Hay quien opina que cuantos más seamos, mejor, que así se nos tendrá más en cuenta. Cuanto más seamos, más fuertes y más fuerza y más cosas conseguiremos. Teniendo en cuenta esta premisa, se sabe que no todo lo que entra en tanta cantidad, es de calidad, pero entre los argumentos usados por quienes defienden este punto de vista, está el que dice que en los ejércitos no todos son francotiradores, zapadores o ingenieros, también hay milicia, que es la mayoría, y en esa milicia cabe todo porque es lo que va al cuerpo a cuerpo. Por otro lado, hay quienes opinan que no todo debe ser cantidad, más bien lo contrario. Que los que sean, que sean de calidad. Que así se nos tendrá más en cuenta y no se nos tomará a broma.

Yo opino que como en todo en la vida, en el término medio está la virtud. Así pues, que seamos cuantos más mejor, pero con unos mínimos de “calidad” exigibles. Pero no me refiero a la calidad que se entiende por conocer hasta la última marcha, exorno floral, escultor, tallista o dorador. No me refiero a eso. Me refiero a unos mínimos de calidad para saber lo que hacemos, lo que representamos o a quién o qué representa nuestro paso y nuestra Hermandad. No es cuestión de hacer beatos, santos o sacerdotes a todos los cofrades, para ello están las personas que han sentido la llamada del Señor y se han convertido en sus fieles siervos.

Creo que desde hace unos años, el modelo de nuestra Semana Santa, aunque no lo creamos, ha tocado techo. Es más, aunque no lo creamos por la gran cantidad de Agrupaciones y nuevos movimientos que están surgiendo, es posible que estemos en un declive importante que nos hará tocar fondo en no mucho tiempo. No es preocupante aún, puesto que como todo lo que ocurre en el mundo, primero ocurre en los grandes núcleos de población y después se va irradiando hacia los núcleos de menor concentración de personas. El modelo actual de Semana Santa y de sus Hermandades, se ha estado basando más en la cantidad que en la calidad. No por desidia de los dirigentes de nuestras Hermandades, más bien porque la inercia nos ha llevado a ello. Cuando estamos metidos en la vorágine de los acontecimientos, es difícil pararse a pensar un tiempo con frialdad. También porque todos los cofrades actuamos con la mejor de nuestra intención, y pensamos que lo que hacemos en ese momento es lo mejor para nuestra Hermandad. Así lo creo y lo transmito. Pero también es cierto, que quizás ahora, que estamos viendo todo lo que acontece en nuestro referente, y que todo lo que allí ocurre tarda unos años en llegar a nuestra ciudad, debemos poner pie en pared, tomar un poco de aire, y poner remedio a algo que puede ser después más difícil de controlar.

Es necesario crecer, pero crecer con cabeza. Evangelizar nuevos barrios, crear un ambiente de formación importante dentro del seno de nuestras Hermandades. Fomentar el culto interno, para que seamos capaces de comprender por entero el culto externo. Ello ayudaría seguro a que no se viesen en nuestros cortejos situaciones como las que hemos visto en los medios de nazarenos y costaleros en las calles de Sevilla. Aportar cosas diferentes a lo que ya existe, y con ello no quiero decir misterios que no hay que pueden ser bonitos o vistosos. Eso al fin y al cabo es solo la envoltura del regalo. Lo importante es el interior. La vida y la actividad diaria. Las Hermandades somos eso, Hermandades, no clubes sociales. Hacemos Estación de Penitencia, y no sacamos carrozas a la calle. Nos vestimos con el hábito nazareno, no nos disfrazamos de penitentes. Debemos retomar un poco esos principios básicos que no se han perdido, pero que parece que en algunos momentos todos hemos ido relajando, para evitar lo que antes he mencionado, y tengamos que arrepentirnos de no haber tomado las medidas oportunas.

Una vez dicho todo esto, como ya comenté en mi anterior entrega, creo que damos más ejemplo a la ciudadanía que respeto ella nos demuestra y nos devuelve. Creo que no es culpa nuestra que no se nos respete cuando estamos realizando nuestra Estación de Penitencia. Creo que lo que ocurre, y nos ocurre, no es más que el fiel reflejo de lo que en la sociedad está pasando. Una sociedad cada vez más enferma y falta de valores. Por eso, quizás con estas medidas, podamos ganar esa batalla que se está empezando a librar en la sociedad de nuestra ciudad. Así, y con el esfuerzo de todos llegaremos a nuestros objetivos. Ser más numerosos, más fuertes y mejores.

Antonio Romero González
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