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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. LA EDUCACIÓN Y EL CIVISMO

Ahora, cuando ya ha pasado un tiempo prudencial desde que el paso del Señor Resucitado entrase por la puerta de San Francisco. Ahora que hemos conseguido ir rumiando cada uno de los momentos que hemos vivido en la Semana Santa de nuestra ciudad. Ahora, y solo ahora, que la frialdad que da el paso del tiempo para el análisis ha cumplido su objetivo, quiero hacer unas consideraciones a lo vivido en nuestra Semana Santa.

No pretendo hacer una evaluación de los desfiles procesionales. En mi opinión, y a la vista de lo que ocurre en otras ciudades, estamos bastante bien en lo que se refiere a los cortejos y pasos. Como he comentado alguna que otra vez, a mi no me importa lo que pase en otras casa, lo que me importa es que la mía esté bien, como es el caso. Pero también es cierto que de vez en cuando hay que fijarse en lo que hay alrededor para saber la magnitud de lo que hacemos.

Es cierto que tenemos que mejorar algunas cosas. Tener un control más activo sobre los horarios, y mejorar un poquito más ciertos aspectos de nuestras Cofradías para ir rozando ya casi la perfección. También, creo que hay algunos aspectos mejorables en el control y paso de Carrera Oficial, pero como digo, son detalles que lo que van a hacer es mejorar aspectos que ya están bien.

El problema que más me ha preocupado este año es el relacionado con el público que ve las Cofradías en la calle. Es un tema, que aunque ya se ha comentado en años anteriores, no ha evolucionado a mejor, más bien todo lo contrario. Este año he vivido, o más bien sufrido, el comportamiento totalmente incívico de una gran parte del público que esperaba para ver el paso de las Cofradías.

Tirones a las capas de nazarenos, empujones a nazarenos y costaleros, atropellos con carritos de bebés a nazarenos, carritos parando un paso o metiéndose por medio del paso o la banda, empujones a los músicos, golpes en los palcos a modo de percusión para acompañar el cántico de “queremos estampitas, queremos estampitas…”, o las vejaciones e insultos sufridos por la Hermandad del Nazareno a su paso por la calle Luis de Eguilaz por personas que se encontraban en un baño de una discoteca situada en esa calle. Así podríamos seguir con un largo etcétera hasta aburrirnos. Un cofrade o nazareno sale a hacer Estación de Penitencia y no debe o no le tienen que afectar los factores externos, pero es cierto, que estos factores externos son cada vez más difíciles de sortear.

Está claro que todos debemos dar ejemplo a la hora de realizar nuestra Estación de Penitencia. Pero sinceramente, no creo que el comportamiento que muestran nuestros nazarenos en la calle, sea merecedor de esa respuesta por parte del público. Siempre he defendido la premisa que en nuestra ciudad hay un número constante de cofrades y de una cierta cantidad de público que sale en Semana Santa a ver los pasos. Con más o menos cultura cofrade. Pero antes, ese público, era mucho más respetuoso con lo que pasaba que el público actual, al menos durante el paso por Carrera oficial, hoy ya ni eso se respeta.

Como comenté en un tweet durante la retransmisión de la recogida de la Hermandad de la Esperanza, el público allí congregado mandó callar a toda la plaza de San Francisco y de Santa Ángela de la Cruz para escuchar un solo de trompeta, (que me parece muy bien) y sin embargo al paso de la Hermandad del Silencio solo se les ocurrió aumentar el ruido y mofarse de ellos. Creo que es significativo de la calidad de la cultura cofrade de muchos de los que allí se encontraban.

He sido siempre muy autocrítico. Siempre he dicho que los primeros en dar ejemplo e intentar hacernos respetar, debíamos de ser nosotros. Pero creo que ya está bien. Creo que ya está de autoinculparnos de todos los males de la Semana Santa. Que ya está bien de autoflagelarnos con que nuestro comportamiento es el que hace que la gente no nos respete. Y creo que ya está bien de la falta de educación y del trato humillante y bochornoso que hemos tenido que sufrir todas las Hermandades en alguna parte de nuestro recorrido.

Por supuesto que no debemos de bajar la guardia. Que no debe servir estos comportamientos para rebajar nuestro celo en la consecución y realización de nuestros objetivos, ni en cansarnos para que dejemos de hacer nuestra demostración pública de nuestra Fe. Pero eso si, demandamos respeto. Que por lo menos, respeten el paso de nuestra Cofradía, y si no les interesa, gracias a Dios, nuestra ciudad tiene un gran abanico de posibilidades para la distracción.
     

Antonio Romero González
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