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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. TODO ESO ES ROCÍO

“El Rocío es mucho más de lo que tú te has creído”, dice una sevillana. El que no sabe o no quiere saber lo que es, se queda con que eso es “juerga” y vino, y se parapeta en esa “razón” para opinar sobre los rocieros y echar por tierra ese sentimiento y la forma de sentir una devoción, que dista mucho de lo que, el que no se preocupa en saber ni en respetar esa forma de vivir, piensa al respecto.

El Rocío es sentir el repeluco el miércoles de mañana al acercarte hasta la calle San Jorge, y vas escuchando el sonido de la flauta y el tamboril, o las campanillas de la carreta del Simpecado mientras avanza. Es el calor de un pueblo que siente verdaderamente la fe rociera, esa que es fiel tradición que pasa de abuelos a nietos, y de los que afortunadamente han encontrado esa luz que desprende la que es “Reina de los cielos” y “Rocío de la mañana”.

Es arena del camino en la que marcan sus huellas los peregrinos; es cante del hermano que se rompe la garganta, “porque el que canta reza dos veces”, y cierra los ojos mientras entona una sevillana y ve la cara de la Virgen del Rocío. Es rengue entre amigos y familiares, compartiendo la alegría porque vamos al encuentro de la que le da sentido al día a día del rociero.

Es recogimiento en el Rezo del Rosario, en la medianoche, mientras recuerda a sus seres queridos que no pudieron hacer el camino este año, del amigo que está pasando una “mala racha”, del abuelo que voló hacia las “marismas celestes”, junto a Ella…Es levantarte al alba con el sonido del “pitero” y emprender un nuevo día de camino, con más ilusión si cabe que el anterior porque cada vez estás más cerca.

Es amistad demostrada en el recuentro con un amigo en cada “pará” mientras esperas la Misa, de cada día, y el Rezo del Ángelus. Son momentos del camino que van cargando de emoción tu llegada a la Aldea, el viernes por la tarde, y que lo primero que hagas, al llegar, sea entrar en su Ermita, Santuario o Basílica como la quieran llamar, y postrarte ante ella y clavar tus ojos llenos de lágrimas en los Suyos.

Es sentir la emoción, el sábado a mediodía, de acompañar a tu Hermandad para hacer su presentación oficial ante la Blanca Paloma, y ante su Hermandad Matriz. Es la convivencia en la aldea, la visita a las casas de los amigos, la Pontifical del Domingo de Pentecostés, y el ir restando las horas hasta llegar al Rosario para, mientras van pasando hermandades por delante de Ella, ir descontando los minutos para que los almonteños salten un año más para que podamos vivir la ilusión de tener un año más a la Virgen en la calle.

Es esperar en la puerta de tu casa de Hermandad, con toda tu gente, a que la Virgen visite nuestra casa un año más y podamos rezarle unidos una Salve, que quisiésemos que fuese eterna, y se nos va en un suspiro. Son las lágrimas de emoción al abrazarte con tus padres, tu tio, tu novia, tu mujer, tus hijos,…por lo que habéis podido vivir juntos, de nuevo.

Es emprender un camino de vuelta, triste pero repletos de felicidad por lo vivido en estos días, mientras te adentras de nuevo en ese paraíso, que es Doñana, para volver a tu ciudad para volver a descontar los días que te lleven a reencontrarte con Ella.

Es, en la vuelta, todos los momentos que puedas vivir, pero es el Rosario de las velas en el Cerro del Trigo, es el despertar del sueño en Marismilla, y el llegar a Sanlúcar para ser recibido por todo el pueblo, el mismo que despedía a la Hermandad hace justamente un semana, y al llegar a San Jorge despedirte un año más de esa magia que has podido vivir y sentir.

Pero el Rocío es amor, es Hermandad…es tender siempre la mano a tu “hermano”, y contagiar el cariño que debemos tenernos. Porque el Rocío es compartir una forma de vivir, es el tener una misma Madre, con todo ello unidos por una misma fe que nos tiene que mantener unidos.

El Rocío es alegría y Paz, y no son disputas vanas que no llevan a nada. El que no entienda el Rocío como una verdadera HERMANDAD está equivocado de lugar, y no lleva una verdadera forma de vida de lo que significa ser rociero, como nos enseñaron nuestros mayores. “No vale ser rociero tan solo al año una vez”, “hay que ser rociero todos los días”.

El Rocío, hermanos, “es una cosa muy grande que no se puede explicar”.

Juan Francisco López Escobar.
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