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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. SOY UN COFRADE DE PELLIZCO.

Si, así es. Soy un cofrade de pellizco, de esos de los que se les pone los pelos de punta cuando una cofradía monta un lío. De esos a los que se les puede escapar hasta una lágrima de emoción viendo esos momentos cofrades casi imperceptibles para los neófitos o poco doctos del público vulgar, que no entienden nuestro mundo cofrade y que no saben qué es eso del pellizco.

Es cierto que soy un cofrade de esos de pellizco, pero no del pellizco que muchos pensáis. No de esos que se parten las manos a aplaudir una levantá, o un solo de corneta del músico de moda. Que vaya por delante que también aprecio esas imágenes y esos momentos de nuestra Semana Santa, pero lo que a mi me retuerce el corazón son otras cosas.

A mi me da pellizco ver a nazarenitos obedientes. Que les ha caído un chaparrón y que no se mueven de su fila y no se preguntan nada que no sea otra cosa que el cumplir con lo que le dicen sus diputados y celadores. 

Me pellizca ver a esos mismos nazarenos de poca edad, de muchas Hermandades, cumpliendo estrictamente sus reglas. Llegar a la Iglesia con el antifaz puesto, y salir de la Iglesia hacia su casa del mismo modo, lo que no me agrada es ver como muchas veces, son los propios padres, algunos vestidos de nazareno también, los que les hacen quitarse ese antifaz, rompiendo lo que podría ser, el comienzo de una costumbre que debe ser la habitual en todos los nazarenos. 

Me pellizca el alma cuando veo la seriedad y sobriedad de los nazarenos del Pusillus y la Cofradía que están creando llena de simbología, posiblemente no sea entendida por muchos, pero el trabajo bien hecho terminará siendo reconocido. No todos los misterios o futuros misterios, tienen que ser del estilo “Triana”, también existen otros espejos en los que mirarse, Amargura, Santa Marta, Silencio, San Isidoro...

Me pellizca ver los misterios andando de frente valientemente, sin estridencias. También me pellizcan los cambios comedidos, en su justa medida. Las cuadrillas comprometidas en el trabajo, y en su devoción a Jesús y María, y no cuadrillas rebeldes y cantarinas por un pasado que ya no volverá.

Del mismo modo, me encoge el sentío, la Estación de Penitencia de la Hermandad del Silencio y la devoción que cada día despierta más el Señor que lleva la Cruz a cuestas. También, momentos íntimos vividos en las recogidas que surgen de la devoción popular con una Salve, o con los cantos de una coral cantando el Stabat Matar al sufrimiento de una madre.    

Me ha dado un vuelco el corazón al ver al Cristo de la Vera Cruz con sus hachones y la música de capilla acompañando su caminar. También lo ha hecho ver el palio con marchas acordes al día, por lo menos en una gran parte del recorrido, que hace que el transitar de esta Hermandad con las Imágenes que procesiona, sea todo un lujo el contemplarlos.

Ver como Hermandades buscan las maneras de poder ayudar a su gente para que puedan vestir la túnica nazarena. Buscar túnicas usadas para otros que la necesitan, entregar tela a cambio de ellas, como en el Resucitado, o hacerse cargo de las papeletas de sitio de sus hermanos como han hecho otras Hermandades… todo eso me parte el alma y me hace creer que todavía tenemos futuro.

Seguro que este torpe observador ser habrá dejado muchos otros momentos merecedores de ser destacados, pero que espero poder vivir en otras Semanas Santas.


Antonio Romero González
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