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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. EL CORPUS Y SUS OCTAVAS

Hace ya una semana que vivimos la procesión del Santísimo Sacramento por las calles de nuestra ciudad. Y ahora, después de siete días hemos vuelto a ver a Jesús Sacramentado por las calles de la feligresía de la Parroquia de Santa Ángela en la Dehesilla. Hecho que para cualquier cristiano que se precie debe de ser un orgullo.

Pero lo cortés no quita lo valiente. Desde hace unos años, esta festividad va tomando unos tintes algo preocupantes. Parece que todos los intentos de revitalizarla no están dando los resultados esperados. Tampoco es que tengamos en estos últimos años suerte con la ubicación temporal de la feria de la ciudad, que ha venido coincidiendo de manera más que frecuente con esta celebración litúrgica. Teóricamente, esto no debe ser un problema para el “pueblo cristiano”, porque ir a la feria y después acercarse a ver la procesión del Corpus  no está reñido. Pero la realidad es otra.
 
Esa realidad es que cada vez la Iglesia y sus celebraciones se encuentran más alejadas de la sociedad. Y los motivos son muchos. Además de la idiosincrasia de la ciudadanía y peculiaridades sanluqueñas, debemos hacer juicio de nuestros propios actos. Incluso las Hermandades se están alejando de esta celebración. De todos es sabido que este año han ocurrido hechos previos a la salida que no debían de haberse producido. Las representaciones, con contadas excepciones, son cada vez más exiguas, como si se realizaran para cumplir con el expediente. Muchas corporaciones alegan falta de información, de coordinación entre los organizadores, colaboradores y demás encargados del evento para con las Hermandades, y creo que no les falta razón.

Posiblemente, el poco público que acompañó la salida del Santísimo por las calles del barrio alto, no se pararían en buscar tanto problemas, posiblemente ni los habrán visto. Para ellos se vio lo de siempre. Un cortejo, más o menos digno, unos pasos y los niños esperando a hacerle el pasillo con sus ofrendas al Señor. Pero la realidad ha sido que muchas personas de la asamblea cristiana, no han salido muy contentas de la celebración de este año. Pero, en fin, es nuestra forma de ser. También es cierto que algunas de esas personas no se han quedado en la mera resignación. Hay voces que ya están clamando por realizar algunos cambios en la celebración de esta Festividad tan importante.
 
Así que espero que en fechas no muy lejanas podamos ver una solución que engrandezca esta fiesta de la Iglesia y la devuelva al resplandor que ha tenido, cuando era uno de esos jueves que relucía más que el sol.




Antonio Romero González
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