Título
Faltan días para el Domingo de Ramos

COMO UN ENAMORADO...

Un día más se me hace larga la espera, para una llegada que aún no llega, que se resiste en venir, una espera que desespera.

Con ansia e impaciencia cuento los minutos, las horas y los segundos que quedan para que de nuevo Tú y yo estemos frente a frente, con la simple separación del aire que corre entre nosotros…como otras tantas veces.

Como un enamorado que tacha en rojo en su calendario los días que separan a su amada de él, he ido contando los días y ya son 235 los que han pasado desde aquel 1 de julio de 2016 en el que Sanlúcar entera, posó su beso sobre Tus manos en señal de despedida. Y son 235 los motivos que se han ido fraguando a fuego en mi corazón, 235 motivos por los que hoy no puedo vivir sin Ti. Como si se tratara de la falta del aire al respirar, de la luz del sol al día, de la luz de la luna a la noche, de la falta de refugio, del consejo callado y del consuelo que escucha.

Aquel 1 de julio, sin ser consciente aún de lo que supondría Tu partida, sentía como cada hora que iba pasando se consumía nuestro tiempo a pasos agigantados, como si el destino quisiera arrebatarte de mis manos y fue justo en ese momento, cuando empecé a preguntarme tantas preguntas que ni Tú si quieras eras capaz de responderme. Por mi cabeza empezaban a rondar incógnitas tan inciertas como Tu marcha, "y si al restaurarte…", "y que pasaría si…" y miles de pensamientos más que solo el miedo, que me producía Tu partida, se atrevía a contestarme. No quise separarme ni un minuto de Ti, aquel día vi como mis mayores, aquellos que un día allá por 1950 te recibieron, te despedían con la misma mirada de aquel entonces y con la súplica en sus labios de volverte a ver, de verte a Tu regreso.

Y de repente…la noche quiso ser testigo de nuestra despedida, cayó sobre el cielo de Sanlúcar como un pesado velo que consumía la espera, todos Tus hijos estábamos allí, a Tus plantas y Tú en el centro de todas nuestras miradas. Un Ave María empezó a subir en forma de melodía embriagando los muros de Santo Domingo de una paz digna de Ángeles. Y ahora sí que sí…ya todo estaba listo, ya todo estaba presto.

Recuerdo como si estuviera pasando ahora mismo, como entre mis manos sostuve una capa blanca con la que te cubrirían para trasladarte a la capital hispalense. Una vez frente a la puerta de la Sacristía, donde Tú ya te encontrabas, me esperaba una de tus camareras esperando a que le entregara Tu capa blanca con la que cubrirte el rostro, la deposité entre sus brazos con el mismo mimo con el que se pasa de brazo en brazo a un recién nacido, sin querer que ni siquiera una arruga se plasmara sobre la tela.

Fue entonces cuando mis lágrimas no pudieron contenerse y una mezcla de sentimientos recorría todo mi cuerpo, no quería comprender el motivo de Tu marcha, no quería imaginarme ni tan siquiera por un momento que volvieras distinta, que a Tu vuelta no reconociese a aquella que desde niño me enseñaron a querer y respirando profundamente, comprendí que era necesario para Ti, para nosotros y para los que vengan en el futuro, que te curasen las heridas provocadas por el paso del tiempo.

Y te vi más bella que nunca, con capucha, capa blanca y un fajín ciñendo Tu cintura.

En todo este tiempo, Tú Madre mía de los Estudiantes, Catedrática Universal, Rectora de nuestras vidas, Doctora Honoris Causa, de nuevo nos estas dando día a día una nueva lección de esas que marcan y que hacen pensar. Desde la lejanía de Tu partida nos estas enseñando cuanta verdad esconde el "no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes", tu ida ha servido para que nazca, más aún si cabe, en nuestros corazones el amor que sentimos por Ti, la falta que nos hace Tu presencia y para darnos cuenta de que no concebimos nuestra vida sin Ti.

Ahora que todo huele de nuevo a Ti, ahora que se prepara Tu llegada, ahora que todos sabemos cuándo y cómo, ahora que notamos como te rozamos con los dedos de nuestras manos, ahora que de nuevo la sonrisa vuelve a nuestra cara…ahora solo contamos, ya no los días que han pasado desde Tu ausencia, sino los días que faltan para tu llegada. A tan solo dos días Madre mía, a tan solo dos días de tenerte de nuevo entre nosotros para cuidarte y quererte como nunca, para rezarte y tenerte como siempre.

Juan Manuel Gómez García
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