Título
Faltan días para el Domingo de Ramos

TEXTO INTEGRO DEL XXXIV PREGÓN DEL COSTALERO (18-02-2017)

El pasado sábado 18 de febrero, en el Salón de Actos del Colegio "El Picacho", tuvo lugar la XXXIV edición del Pregón del Costalero, que cada año organiza la Hermandad Sacramental de Los Estudiantes.

El mismo, corrió a cargo del cofrade sanluqueño don José María Ruiz Ciatelo, que fue presentado por don don Marco Antonio Bobillo Amate.

De esta forma, era nuestro deseo poder llevarles el texto íntegro de este pregón que, gracias a la colaboración del propio pregonero del costalero, os dejamos a continuación.

XXXIV PREGÓN DEL COSTALERO


Con la venia del Altísimo.
Al pie del árbol sagrado,
llevando por palio el cielo
permanece sin recelo
cuando todo es consumado.
Junto al discípulo amado
y a María la Magdalena
llora el duelo de sus Penas
sin consuelo ni medida
pues se le escapa la Vida
como una triste condena.

Con la mirada perdida,
sin rumbo por la tristeza,
con la absoluta certeza
de la palabra cumplida.
Con el alma destruida
y el espíritu abrasado,
no se mueve de Su lado
ni por asomo un momento.
Se deshace en un lamento
su corazón golpeado.

El más perfecto calvario
donde no es protagonista,
aunque nadie se despista
de la cruz de su Rosario.
De su vientre de Sagrario
hasta la cruz donde yerto
clavado está el hijo muerto,
va la angustia y la pasión
que le rompe el corazón
y la vida por momentos.
Dulce Virgen de las Penas
Madre de los estudiantes,
no me resisto a cantarte
con el verso que resuena.
Hoy me corre por las venas
la sangre del costalero
pero he querido primero
dedicarte esta oración
y brindarte este pregón
que te ofrezco por entero.

Eres la más bella Reina
que habita en Santo Domingo
yo entre Madres no distingo
porque es error no quererlas.
Con tu Rosario de perlas
y con tu cara morena
haz que rompa mis cadenas
el sentimiento que grito
y que llegue al infinito,
Madre mía de las Penas.

- Sr. Representante del Consejo Local de Hermandades y Cofradías.
- Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real e Ilustre y Devota Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de los Milagros, Dulce Nombre de Jesús, Nuestra Madre y Señora de las Penas, María Santísima del Rosario, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.
- Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno de mi Hermandad de los Dolores.
- Sres. Hermanos Mayores y miembros de Junta de Gobierno de las distintas Hermandades de Sanlúcar.
- Mi capataz y presentador, Marco Bobillo.
- Capataces y costaleros.
- Señoras y Señores.

I. AGRADECIMIENTO.
Sirva esta oración a la Señora de las Penas para mostrar mi más sincero agradecimiento a la querida Hermandad de los Estudiantes por mi nombramiento para pronunciar este pregón.

Gracias, porque sin apenas bagaje en atriles pregoneros, nunca podré agradecer lo suficiente a esta Hermandad el regalo que me ha hecho, el inmenso honor de poder pronunciar este pregón, de dirigirme a la gente de abajo y contarles mi historia, de ocupar este atril en el que me han precedido insignes pregoneros, capataces y costaleros. Yo que he sido contraguía y he tocado el martillo, donde verdaderamente me siento realizado es trabajando debajo del paso. No me canso de decir, que el mejor sitio de una cofradía es el de costalero, y hoy voy a intentar explicaros por qué.

Muchas gracias a Álvaro Velázquez, amigo y compañero de junta, magnífico costalero y gran fotógrafo, que se va a encargar de haceros menos dura la carga con esta proyección de imágenes.

Muchas gracias a la Banda de Cornetas y Tambores Santísimo Cristo de los Milagros por poner sus sones en este acto. Una banda magnífica y en constante progresión a la que he tenido la suerte de disfrutar hace unos meses bajo el paso del Santísimo Cristo de las Misericordias.

Gracias a mis amigos, costaleros y a todos los que trabajáis conmigo en los pasos, porque me enseñáis cada día las maravillas de este oficio. Este pregón es para ustedes.

II. FUE UN MIÉRCOLES DE CENIZA.
Fue el Miércoles de Ceniza del año 1991. Por vez primera, acudí al Vía Crucis del Cristo de los Milagros, acompañado de mi amigo Jesús. Sin saber cómo, cuando el Cristo iba por la calle Bolsa, nos miramos y nos dijimos: ¿llevamos un rato al Cristo? Con la voz que no nos salía del cuerpo, se lo pedimos al recordado y añorado Nage, y sin pensarlo ni un momento nos llevó hasta Él y nos puso a cada uno en un lado de la Cruz.

Y no lo llevamos un rato, sino todo lo que quedaba de recorrido. Eran tiempos en los que el Cristo salía sin parihuela y lo llevaban cuatro personas, dos al pie de la cruz y uno en cada brazo. Nunca olvidaré esos momentos, con la mano del Cristo de los Milagros en mi cara hasta que lo posamos en la escalera del altar mayor de Santo Domingo, sobre unos cojines rojos. Como habréis podido comprobar, tengo todos los detalles de aquel día grabados a fuego en mi memoria, porque por primera vez me sentí costalero, por primera vez llevé al Señor sobre mis hombros, por primera vez viví la sensación indescriptible, la emoción que te recorre cuando sientes la madera sobre tu cuerpo. Las casualidades no existen. Son las cosas del Señor las que han hecho que ese niño que por primera vez se sintió costalero llevando sobre su hombro al Cristo de los Milagros sea hoy el que os hable del costalero en esta Hermandad, cuyos costaleros tienen el orgullo y el extraordinario privilegio de serlo a la vez de su Cristo y de su Virgen.

Fue un Miércoles de Ceniza
que se pierde en el recuerdo
una noche de ilusión
soñando ser costalero.
Una noche que regresa
de los confines del tiempo
cada año que en la frente
anida un signo perpetuo:
el polvo que nos evoca
que en él nos convertiremos.

Fue un Miércoles de Ceniza,
difuminado en un sueño
cuando por primera vez
yo me sentí costalero,
yo sentí sobre mi hombro,
ese peso del madero,
ese leño que se clava,
ese paso, largo y lento
cuando un leve escalofrío
estremece los adentros.

Fue con un Cristo clavado,
fue en un divino silencio
arropado por el canto:
Señor, perdona a tu pueblo.
y la oración del Vía Crucis
con catorce Padrenuestros,
estrenando la Cuaresma,
el tiempo de los desvelos.

Fue el Cristo de los Milagros
el que golpeó primero
el llamador de mi alma,
quien puso sobre mi cuello
una molía, un costal,
o ese cincho sanluqueño
que se lleva sobre el hombro
y que en este atril defiendo.

Fue un Miércoles de Ceniza
el que alumbró mi sendero
el que despertó el afán
de caminar bajo el cielo
recreando levantás
y arriando por parejo,
cuando por primera vez
probé este dulce veneno.

Fue un Miércoles de Ceniza
abrazado a un Cristo muerto
con nervios a flor de piel
y emoción por el estreno.
Una noche de cuaresma,
de profundo sentimiento
con el Milagro de Dios,
yo me sentí costalero.

III. COSTALEROS DE VERDAD.
No pretendo sentar cátedra ni dogmatizar sobre el mundo del costalero, solo contaros mi particular visión de este universo maravilloso, forjada en veinticinco años de largas noches de ensayo; de martillo y de costal; de cofradías y de personas con las que me he cruzado en este bendito camino.

Hoy quiero hablaros del costalero de verdad, del que le reza al Señor y a la Virgen, del que empuja pa arriba en cada chicotá y aprieta los dientes cuando vienen momentos duros.

Hoy quiero hablaros del costalero aficionado que da su última gota de sudor bajo cualquier paso, y expresa de esta manera su mejor forma de querer y de seguir al Señor. Hoy quiero hablaros del costalero que ama al hermano, y en la ayuda al compañero demuestra que la amistad bajo un paso crea unos fortísimos lazos de unión entre personas que comparten los mismos sentimientos.

Hoy quiero hablaros del costalero hermano que acata las decisiones de la junta de gobierno, del costalero humilde y obediente, al que no se le van las fuerzas por la boca.

Hoy quiero hablaros del costalero que se siente parte de una cuadrilla, del que sabe que todos son necesarios, pero nadie imprescindible, del que reconoce que cuando se sale en un relevo, el paso va igual de bien que cuando él está debajo.

Hoy quiero hablaros del costalero al que le da igual que lo igualen de corriente, costero o fijador, porque sabe que lo fundamental es ir debajo. Si algunos supieran la labor tan importante que cumple un corriente, no habría tantos enfermos de costeritis o de zanquitis aguda.

Hoy quiero hablaros del oficio más bonito que conozco, donde se fusionan una serie de valores que atesora todo aquel que se siente costalero de verdad en toda la extensión de la palabra, que es amplia y profunda.

Al igual que no es pintor todo el que coge un pincel y pinta, o no es músico cualquiera que aporrea cuatro notas de una guitarra, hacen falta que se conjuguen una serie de ingredientes para que la palabra costalero adquiera todo su significado.

La fe. No podemos dejar a Dios a un lado y tomar esto como un deporte o una simple afición. Paseamos por las calles al hijo de Dios y a su Madre y estamos haciendo una labor de apostolado, de mostrar el evangelio por la calle.

Los pasos son verdaderos altares itinerantes y como cualquier altar va presidido por una Imagen divina. Esta es la base y el fundamento de todo. Y debería ir mucho más allá de la Imagen que se lleva arriba, porque le fe en Dios está por encima de la devoción hacia una imagen concreta.

Cuando el costalero tiene otras motivaciones, todo se desvanece, todo se queda vacío y sin alma.

La afición. Me hace mucha gracia la discusión entre afición y devoción. Yo la devoción del costalero la mido en el trabajo bien hecho. Aquí estamos para llevar a Dios y a su Madre al pueblo, de la mejor forma posible y eso solo se consigue con una afición desmedida, que provoca además que los conocimientos se asimilen con rapidez y el costalero se entregue por entero. Porque para un costalero, la mejor forma de querer al Señor es dejarse el alma en la trabajadera.

¿Qué hay de malo si un costalero saca varias cofradías cuando da lo máximo en todas ellas? Os puedo asegurar, que si el costalero es costalero de verdad, va a darlo todo bajo el paso, sea en su hermandad o en la de enfrente. El único límite debe marcarlo la honradez, con uno mismo y con los compañeros, porque todo el mundo sabe hasta dónde puede llegar. Gracias a que muchos costaleros trabajan varias cofradías, algunas de las agrupaciones y hermandades que han proliferado en los últimos años -y otras con cierta solera-, han podido sacar sus pasos a la calle.

Como en todas las facetas de la vida, para hacer algo muy bien, aquello te tiene que apasionar. Si el costalero no es un buen aficionado, seguramente hará una labor mucho mejor en otros lugares de la cofradía.

Y capacidad física. En la mayoría de las ocasiones no se trata de un esfuerzo extraordinario y además los pasos pesan muchísimo menos que las toneladas que últimamente se vienen diciendo. No obstante, el costalero debe tener cierta capacidad para poder realizar el esfuerzo que supone trabajar bajo el paso. Sin lugar a dudas, es mucho más importante saber trabajar bien, para poder canalizar adecuadamente las fuerzas necesarias, porque también aquí, más vale maña que fuerza.

Para ser buen costalero
y cumplir con el trabajo,
no solo hay que estar debajo,
de corriente o de costero.
Hay que saber lo primero
que es la fe y la devoción
el motivo y la razón,
la causa y el fundamento
de todo lo que os cuento,
que sale del corazón.

Es un oficio además,
costalero no es cualquiera
que en una trabajadera
también hay que ser capaz.
Solo pervive el que está
con el oficio aprendido.
Solo son los elegidos
los que tienen la afición,
los que caminan mejor
los que no hacen ruido.

El silencio debe ser
la música bajo el paso.
Condenado está al fracaso
el que habla sin temer.
Esto es de hoy y es de ayer,
no puede ser más certero
como dice el refranero
y repito toda vez:
Por la boca muere el pez
y también el costalero.

Los vivas y las lloreras
mejor en otro momento,
ha de estar el pensamiento
puesto en la trabajadera.
Con esto, yo no quisiera
resultar irreverente
ni decir que no haya gente
que muestre sus emociones.
Solo digo que suponen
a veces inconvenientes.

Pues no hay mayor oración
que trabajar por derecho,
echar por delante el pecho
e ir dictando una lección.
Eso si que es un pregón,
sentimiento emocionado
es un viento perfumado
es plegaria compartida
es el agua que da vida
es el cielo adelantado.

Hay que mirar siempre al frente,
con la cintura encajada
la cabeza despejada
y la zancada valiente.
Cuando hay que apretar los dientes
y ayudar al compañero
sea corriente, sea patero,
o vaya de fijador
hay que echarle pundonor
y pegarse a los costeros.
Derecho como una vela,
andando siempre adelante,
el movimiento elegante
y el pavimento en la suela.
La mente en la parihuela
y el izquierdo en el tambor
así se pasea a Dios
o a su Madre dolorosa
que se mueve primorosa
con elegancia y amor.

Se hace corto el camino
cuando al ir sobre los pies
sin saber cómo y porqué
no se piensa en el destino.
Es más de rosas que espinos
la senda que se dibuja,
el sentimiento que embruja
abrazado a la madera
y vale una vida entera
cuando hacia arriba se empuja.
La virtud de la obediencia
debe por siempre primar,
que la voz del capataz
es la voz de la conciencia.
Aunque exista la tendencia
de querer mandar debajo
y meterse en un atajo
por parte de algún ladino,
que equivoca su camino
estropeando el trabajo.

No hay que ser ningún fornido
ni lucir musculatura
tan solo poner cordura
y llevar el cuerpo erguido.
Con el respeto debido
también tengo que decir
que no se viene a sufrir
ni a poner la otra mejilla
ya ha cambiado la tortilla,
por lo menos, para mí.

Aparte de decir esto,
tengo segura certeza
que siempre llegan flaquezas
donde hay que echar los arrestos.
Por eso, hay que estar dispuesto
a morir en la batalla.
Aunque seguro algo falla,
apaga la luz y cierra:
si en vez de batalla es guerra,
mejor tirar la toalla.

Son tan solo unos apuntes
tomados a vuelapluma
pensamientos que rezuman
sin que nadie me pregunte.
Que aunque a algunos les disguste
lo que creo y lo que expreso,
disculpas pido por eso.
No hay ánimo de ofender
ni de intentar convencer.
Solo digo lo que pienso.

Lo que pienso y asevero
con total convencimiento
y grito a los cuatro vientos:
Que entregarse por entero
al oficio costalero
sale de lo más profundo.
No puedo ser más rotundo
y afirmar en todo caso
que es la negrura de un paso
el mejor lugar del mundo.

IV. UN PAR DE REFLEXIONES.
Hoy, toda hermandad se precia en decir que sus pasos los sacan hermanos costaleros, pero esto no ha sido siempre así.

El mundo de las hermandades y por tanto el de los costaleros, está en constante evolución, y esto me lleva a hacer un par de reflexiones.

Hace no muchos años, las hermandades desembolsaban una buena partida de sus presupuestos en pagar al capataz que sacaba la cofradía, pues este era el que se encargaba de buscar a su gente para llevar los pasos, de forma que el costalero no tenía ningún contacto con la hermandad. Aquellos hombres que sacaban una cofradía todos los días, llevaban a su casa una importante ayuda para el sostenimiento de su familia, pero estoy seguro que muchos de ellos expresaban de esa manera sus sentimientos religiosos, eran aficionados y lo daban todo debajo del paso.

Hoy día, por el contario, los hermanos costaleros suponen una fuente de ingresos muy importante para las hermandades, y en muchas ocasiones se cometen verdaderos abusos. Se pone todo el empeño en que los costaleros vendan todas las papeletas posibles, y en exigirles luego su asistencia a los cultos y a cualquier acto que organice la Hermandad, cuando eso mismo no se le pide directamente a otros hermanos. Los costaleros son tan hermanos, como los nazarenos o los que prefieren ver la cofradía desde la acera, y como tales, tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier hermano, ni más ni menos. Estoy de acuerdo en que paguen su papeleta de sitio como participantes del cortejo, pero de ahí a que les exijamos más que a otro hermano, va un abismo. Tienen un sitio predilecto en la cofradía -a mi juicio el mejor-, pero el que va de fiscal o manigueta también ocupa un lugar de privilegio y nadie le exige más de la cuenta.

Por otro lado, existe el problema de que los costaleros formen un grupo y con su voto puedan poner o quitar juntas de gobierno. En muchas ocasiones ese voto lleva implícita otras aviesas intenciones que complican aún más la historia. Estas dificultades podrían ser perfectamente evitables si las hermandades pudiesen permitirse el lujo de dejar de ingresar una importante cantidad en su tesorería y se diese libertad a los costaleros de ser o de no ser hermanos. Y que nadie se rasgue las vestiduras por esto que digo, que algunas hermandades no muy lejanas, han adoptado esta fórmula ante la falta de costaleros.

Ser costalero es algo demasiado grande para estar al alcance de todo el mundo y no se consigue tan solo pagando un recibo de hermano, una papeleta de sitio y metiéndose debajo de un paso.

El trabajo costalero
es una obra de arte
un misterio.
No se paga con dinero,
para mi es punto y aparte
un privilegio.

Arte efímero y fugaz,
arte mayor en estrofas,
es poesía.
A la voz del capataz,
voz calmada que se goza,
norte y guía.

V. EL CAPATAZ.
El costalero tiene que disfrutar bajo el Señor o la Virgen, porque para hacer penitencia están otros lugares de la cofradía. No obstante, siempre llegan momentos en que los kilos aprietan, pero deben ser solo eso, momentos, porque si se prolongan más de lo debido, hay algo que se está haciendo mal. En estas ocasiones es el capataz el último responsable de que el trabajo no salga como tiene que salir y de que el costalero sufra más de lo debido. Seamos consecuentes y dejemos el martillo a aquellas personas que tienen los conocimientos y la capacidad para igualar una cuadrilla y hacer un trabajo con las debidas garantías.

No podemos perder de vista que en las manos de los capataces se deposita la salud del costalero, que es el bien más preciado.

Los capataces deben saber rodearse de un buen equipo de personas para que se pueda desarrollar el trabajo: segundo, auxiliares, contraguías y listeros, que sepan su obligación. Y aquí, me gustaría destacar una labor importantísima y muy poco reconocida y valorada, la del contraguía. Tener unos buenos contraguías es para el capataz, tener un tesoro. Si el contraguía sabe su obligación y la lleva a cabo correctamente, el capataz, el segundo o el auxiliar que lleve el paso solo se tiene que ocupar de mandar la delantera, porque en la trasera no tendrá nada que corregir.

El capataz es el alma de la cuadrilla, lazarillo en las tinieblas, pastor del rebaño, diputado mayor de gobierno de la gente de abajo, custodio de la salud y capitán del barco.

El capataz es la vista,
los ojos del costalero,
es tallista y carpintero
director y guionista.
También debe ser purista,
pasar desapercibido,
ser discreto y comedido
y otras cosas que se exigen
que no solo se consiguen
con ir de negro vestido.

Seguridad en el mando,
la firmeza de la voz
que se transmite veloz
a los que van trabajando.
Eso se demuestra andando
y cumpliendo el cometido
con el temario aprendido
repartiendo autoridad
y la mirada tenaz
sin permitir ni un descuido.

Se juega con la salud
de un buen puñado de hombres
con apellidos y nombres
colmados de juventud.
Hay que tener la aptitud,
perfeccionar el cuadrante.
Y además de buen talante
y tocar el llamador,
debe ser conocedor
de lo que tiene delante.

La ignorancia es atrevida
y de perfiles valientes
cuando el de negro es carente
de la sapiencia debida.
Si al personal no se cuida
ni se iguala con acierto,
eso no llega a buen puerto,
será faena de aliño
y resultará un pestiño
para profanos y expertos.

No me gusta la impostura
ni el afán protagonista.
Para mí solo es artista
el que mueve la cintura.
No hace falta ser figura
ni aprendiz de pregonero.
Que lo sepa el mundo entero
por activa y por pasiva:
si el barco va a la deriva
no es culpa del costalero.

Por eso en este pregón
digo que el buen capataz,
además de ser sagaz
deber de ser el bastión,
el jardinero y patrón
de la tropa costalera.
Y dejarse las seseras
en cuidar de la semilla
para hacer de la cuadrilla
costaleros de primera.

VI. HOMENAJE A MARCO BOBILLO.
Después de muchos años sin ceñirme una faja y un costal, he disfrutado de una segunda etapa como costalero en dos salidas extraordinarias del Cristo de las Misericordias y formando parte de la primera cuadrilla de Jesús del Soberano Poder, en la que continúo. He podido disfrutar de nuevo bajo el paso, en un momento en el que todo se hace mucho mejor. Los pasos andan mejor y se disfruta como nunca. En todo esto que os cuento tiene un papel importantísimo una persona, un capataz que ha aceptado el reto de ser hoy mi presentador.

Muchas gracias, Marco, por tus palabras que sabes que no merezco y porque sé que no te gustan estas cosas y solo estás hoy aquí por mí.

Hoy me gustaría hacer justicia. Y bien sabe Dios que no soy nadie para decir esto, pero creo que era hora de que alguien lo dijera. Porque al igual que Marco lo dijo públicamente de su maestro Antonio Santiago, yo lo tengo que decir hoy de él. Existe un antes y después en el andar de los pasos de la Semana Santa de Sanlúcar, desde que Marco Bobillo cambió la molía por el costal en la Hermandad de los Dolores. Fue además el primero en ser capataz general y el primero en sacar dos cuadrillas de costaleros en cada paso, con una cuadrilla alta y otra baja.

Para mí es técnicamente el mejor y eso se refleja en el andar de los pasos. Algún día todos reconocerán esto que digo y su labor quedará para siempre en el recuerdo, mientras que de terceros nunca se hablará, porque Roma no paga a traidores.

VII. ALGUNAS ANÉCDOTAS.
A lo largo de estos veinticinco años de martillo y costal he vivido miles de anécdotas, momentos que se han quedado guardados y que han pasado a formar parte de los recuerdos.

Permitidme que os cuente algunas.

En el primer ensayo de una cofradía antes de meter a los nuevos debajo del paso, le preguntó Marco a uno de ellos si había trabajado alguna vez. El chaval, sin pensárselo ni un momento y casi ofendido, contestó que había trabajado de carpintero. Lo que vino después ya os los podéis imaginar.

Hace poco tiempo, a la igualá de una hermandad llegó un chaval nuevo que quería sacar el palio. Ese mismo día igualaba en la iglesia otra cuadrilla y a este chaval, que andaba despistado por allí, lo igualaron en el otro paso de palio, lo apuntaron en el cuadrante y un poco más y lo hacen hermano.

Gracias a Dios, nos dimos cuenta a tiempo y se pudo deshacer el entuerto.

Dice el maestro Antonio Santiago, que el martillo tiene una serpiente que muchas veces pica e inyecta su veneno. Os puedo asegurar que aunque en otro sentido, a mí me ha picado. Una madrugá -en los primeros años en los que sacábamos la Hermandad del Silencio-, estando el paso del Señor en la calle Bolsa, al pegar el tercer martillazo en una levantá mi dedo se quedó debajo del martillo, de manera que lo que sonó no fue el metal, sino mi dedo.

Siempre he tocado fuerte el martillo, pero yo creo que nunca como aquel día. Como podéis imaginar, la levantá fue de pena, y mi dedo daba miedo mirarlo. Me curaron en una casa sin luz y completé la Estación de Penitencia como pude, con un corazón bombeando en la mano. Una vez dentro la cofradía, me fui tranquilamente a ver a la Hermandad del Nazareno por el Carril, y luego me dirigí al hospital vestido de negro para que me curaran aquello. Lo mejor de todo fue la reacción del médico, cuando me preguntó con cara de espanto: ¿cómo te has hecho esto? Y le dije, mejor no se lo cuento porque no se lo va a creer.

VIII. LA MAGIA DE LA LEVANTÁ.
Me gustan los pasos de misterio andando poderosos siempre de frente y los pasos de palio sobre los pies, pero siempre avanzando con el mismo son. Me gusta la ropa blanca bien ajustada sobre las cejas. Me gustan las vueltas sobre el eje y con la mecía corta, pero siempre entrando en la calle. Me gustan los pasos en silencio con el andar largo y reposao. Me gustan las levantás siempre al cielo.

Esa magia que surge cuando un paso levanta a la perfección. Esa coordinación de movimientos de treinta o cuarenta corazones haciendo lo mismo al mismo tiempo.

Las levantás y también las arriás, son el termómetro que nos señalan como va de fuerzas la cuadrilla, porque ahí es donde muere el costalero.

Cuando suena el último martillazo, ese momento mágico se convierte para el capataz en una responsabilidad enorme, porque una equivocación o un martillazo a destiempo pueden arruinar la belleza y la magia de la levantá, dañar la imagen o algún elemento del paso y lo que es peor, lesionar a un hombre. Cuando el capataz dice tos por iguá valiente, es imposible expresar más con menos palabras.

La levantá tiene muy pocos secretos: los zancos en el suelo y fuerte pa arriba. Pero habrá pocas cosas que sean tan sencillas y tan complicadas al mismo tiempo.

Cuando un paso se levanta,
cuando el Señor no camina,
cuando el ambiente dibuja
su nombre por las esquinas,
cuando las tardes se alargan
y las noches se eternizan
cuando es llegado el momento
donde la espera termina.

Yo quiero ver al Señor
llegar a la plaza arriba
y caminar a la O
y levantar en la ojiva
encarado al monumento
-prodigio de orfebrería
donde está Dios verdadero
en el pan de la Eucaristía.

Yo quiero ver al Señor
cuando la fe se aglutina
porque lo llevan al cielo
en perfecta simetría
y su figura perfecta
va desgranando poesías,
va bosquejando en el aire
una simpar sinfonía.

Con la gente costalera,
la batalla está vencida
porque Jesús de la Paz
sentado en una pollina
con la Merced por testigo
deja a la cuesta rendida.

Por el huerto de San Diego
los costaleros suspiran
cuando a la voz de a esta es
se mueven los guardabrisas
y el izquierdo por delante
paraliza las retinas.

A la hora de la Cena,
ya le rinde pleitesía
hasta el cielo de Bonanza
con el sol del mediodía,
estrenando en este año
jornada de campanillas.

En Plaza Madre de Dios,
con su ejemplar cofradía
con el cincho levantaban
a la serena armonía,
a la Humildad y Paciencia
cuando era la Cañita.

Mi cuadrilla del Pusillus
ejemplo de disciplina
que elevan al Soberano
al cielo con alegría
con un paso decidido
que sorprende y que fascina.

El portentoso Consuelo
de siempre a pulso subía
cuando el silencio de siempre
era la música misma
y por la calle La Plata
la caoba se perdía.

Por el Palmar caminando
con la zancada prendida
cuando su amor se levanta
se estremecen las olivas
pues la carrera oficial
llegará a la anochecida.

Misericordias, Señor
tiéndeme tu mano amiga
quiero estar siempre a tu lado
junto a tu Imagen divina,
cuando levante tu paso
y me siga tu cuadrilla.

El Cristo de los Milagros,
es Milagro por la vida
cuando esa cuadrilla impar,
desparrama su semilla,
llevando a Dios y a la Virgen
despertando sana envidia.

La noche del Jueves Santo,
-plenitud de la molía
Veintinueve corazones
la Expiración nos traían
y por el Barrio roneaban
cantando por bulerías.

Por la Plaza de San Roque
con su mirada Cautiva
se renovaba el prodigio
y el corazón se encogía
cuando unos hombres de ley
lo sacaban de rodillas.

Tres martillazos de bronce
por calle Carnicería
rompen la noche del jueves
porque el Silencio lastima,
y con fuerza se levanta
y se inundan las pupilas.

Cuando al paso del Señor
las maderas le crujían,
madrugaban costaleros
con la mañana dormida
y en esa anchura perfecta
el Nazareno salía.

Vera-Cruz por la Parroquia,
esa dulce maravilla,
esplendor de la madera,
que se venera y se admira
y que se eleva hasta el cielo
por la palabra cumplida.

Las Angustias de la Madre
en el Carmelo se miman
y se alza un monumento
hecho de oro y de almíbar
por unos hombres valientes
que se entregan a porfía.

El Entierro en San Francisco
es la muerte que se olvida
con las campanas que tocan
a duelo y a despedida
aunque en cada levantá
un mundo nuevo germina.

Y en el Domingo de Dios
con la semana transida
con el alma alborozada
y en los labios la sonrisa
se va al cielo un Cristo vivo
que por todos resucita.

Costaleros de Sanlúcar,
llevad a Dios a la cima,
porque la luz verdadera
no conoce de medidas,
cuando hay que meter riñones,
en el paso o en la vida
y derrochar el valor
y ganarle la partida.

Costaleros de Sanlúcar,
con la ropa bien ceñida,
poned el cuello en el palo
y acomodaros sin prisa,
porque en la trabajadera
hay que ajustar la morcilla
y llevar al cielo eterno
la primavera florida.

Porque ya estáis todos puestos,
porque el martillo repica
a vísperas y oración
con ese toque que avisa,
con el bronce que resuena
para curar las heridas
y se levanta el Señor
que a Sanlúcar ilumina.

IX. UN RICO VOCABULARIO.
Uno de los aspectos que más me llaman la atención del mundo del costalero, es el amplísimo y riquísimo vocabulario que está en constante evolución. ¿Quién decía hace unos años que había hecho una revirá o había dado una buena mano?

Hay multitud de palabras que son propias del lenguaje costalero como trabajadera, zambrana, chicotá, mudá, costero, fijador, corriente, listero, levantá, arriá, mecía. O expresiones como dar jabón, coger ventaja, meter riñones, estar el paso en banda o ir aplatanao, que en raras ocasiones las podemos escuchar en otros sitios.

X. COSTALEROS EN EL CIELO.
Y hablando de expresiones, un amigo dijo una vez la mejor definición que en mi vida he escuchado del costalero: El costalero es el único artista que no ve su obra. Ese amigo se llamaba Federico Calleja Caballero y era y será por siempre el listero eterno de la cuadrilla de Nuestra Señora de los Dolores.

Vaya hoy mi homenaje a Federico y a todos los hombres del martillo y el costal que forman parte de la cuadrilla del Señor y de la Virgen en el cielo. A todos los hombres que con su esfuerzo y dedicación pasearon a Dios y a su Santa Madre y que a buen seguro disfrutarán, también de un lugar privilegiado junto a ellos.

La labor del costalero
es un oficio de artistas,
ya lo dijo un caballero.

De condición y apellido,
el Caballero Calleja
se fue sin hacer ruido.

Como otros muchos se fueron,
y en un paso en las alturas
siguen siendo costaleros.

Igualando entre las nubes,
entre los cielos celestes
rodeados de querubes.

Y siguen con la Señora,
o en el paso de misterio
disfrutando a cada hora.

Don Manuel Santiago dijo
que el amor del costalero
seguirá por siempre vivo.

Porque la fe nunca muere,
cuando Dios se lleva arriba,
cuando se ama y se quiere.

Costaleros en el cielo
luciendo sus ropas blancas
como palomas en vuelo.

XI. COSTALERO DE LA VIRGEN.
Ya están a punto de arriarse los zancos de este pregón. Espero haber cumplido el encargo y haber llegado al templo con el paso tal como salió, sin dar un mal golpe y con la gente arriba. Espero que muchos hayáis formado parte hoy de mi cuadrilla. Solo he pretendido contaros mi verdad, forjada a golpe de martillo y costal, de ensayos y parihuelas. Permitidme que antes de la última llamada, os haga una confesión.

Estamos a muy pocos días de acompañar de nuevo al Cristo de los Milagros en su anual Vía Crucis, a muy pocos días de que el Miércoles de Ceniza de el aldabonazo de una nueva Cuaresma. Ya se han hecho las igualás y han comenzado los ensayos y en estos momentos, un pensamiento recurrente, un deseo inalcanzable y tenaz, se apodera de mí. Ser costalero de María y poder llevar a la Madre de Dios.

Por las calles de Sanlúcar
ya se escuchan los racheos,
ya se oye el llamador
y hay en las almas revuelo,
pues se acerca ya la fecha
que se toca con los dedos
cuando en el eco del aire
se adivinan los vencejos.

Ya los ensayos asaltan
las duras noches de invierno
y suena el alma distinta,
y están los cuadrantes hechos,
y por las calles y plazas
hay rumor de costaleros.

Cuando se acercan los días
el alma me pega un vuelco
y un sentimiento regresa
de puntillas y en silencio:
poder llevar a María
y calmar su sufrimiento.

Costalero de la Virgen,
no hay más grande privilegio
que el ser los pies de la Madre.
No hay mayor honor que eso,
y avanzar sobre los pies
y poder parar el tiempo.

Yo quisiera ser peón
yo quiero ser cirineo
de María, Madre de Dios,
confortarla con mi aliento,
ser bálsamo de su herida
y no cejar en mi empeño
de aliviar su pesadumbre
y apaciguar su lamento.

Ser corazón del Amor,
de Lágrimas el pañuelo,
de la Victoria, la Paz
y de la Estrella los cielos.
De la Amargura, San Juan,
de Soledad ser su duelo
y de Angustias el sudario
que se cuelga sobre el leño.

Costalero de Dolores,
el sueño que tanto anhelo,
de las Penas estudiantes,
en un Milagro perpetuo
que se alza en el calvario.
De la Esperanza el deseo,
de caminar con su Gracia,
subiendo hasta un huerto eterno.
Del Mayor Dolor tocado,
colocado con esmero,
de Soledad el Rosario,
con el cincho sanluqueño.

Costalero de la Virgen,
no hay más grande privilegio
que el ser los pies de la Madre.
No hay mayor honor que eso,
y trabajar a compás
calmando su sufrimiento.

Yo quisiera estar, Señora,
amarrado a tu costero,
y caminar a tu lado
detrás del respiradero,
Yo quisiera así, Señora
arroparte con mi rezo
y cuando llegue la hora
no despertar de mi sueño.

Y volar en levantás,
y alcanzar el firmamento
y enjugar en mi costal
tus lágrimas de lucero,
y desclavar los puñales
y aplacar tu desconsuelo
y agarrarme a tu rosario
y regalarte mi esfuerzo
y arrimarme valeroso
como los buenos toreros
y demostrarte mi amor
con cien mil manos de ensueño.

No hay privilegio mayor,
no hay quien tenga mejor premio
que trabajar bajo un palio.
Yo quiero pero no puedo
enterrarme bajo el paso
y lograr tocar el cielo
siendo los pies de María,
por siempre su costalero.


Solo tengo que advertir,
ya como punto final
que en esta cita anual
queda poco que añadir.
Valga para concluir,
que no hay lugar más señero,
que no hay sitio más puntero,
ni de más categoría
en toda la cofradía,
que salir de costalero.

He dicho.

José María Ruiz Ciatelo.
Copyright © 2014 GOLGOTA21