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Faltan días para el Domingo de Ramos

¿UNA SEMANA SANTA PLENA?

Todo llegó a su fin. Entró la Sagrada Resurrección en San Francisco, abriéndose la nueva espera que nos llevará al Domingo de Ramos de 2018. Con la cofradía de la Sagrada Resurrección, (que cada año crece y muestra mayor empaque), ha finalizado una Semana Santa donde todas las cofradías, han podido completar sus procesiones sin incidencia alguna por motivos meteorológicos, siendo por el contrario en algún caso, las altas temperaturas las presentes. Del mismo modo, ha debutado con gran acierto la Hermandad del Prendimiento en la jornada del Martes Santo, quedando el Domingo de Ramos con tres cofradías, con la consabida inclusión de la Cena que cerraba el día tanto en Carrera Oficial como en la entrada en su Templo de recogida. Así, y desde que el Gran Poder iniciara en la tarde del Viernes de Dolores, la presencia de pasos por nuestras calles, hasta la citada entrada de la Sagrada Resurrección, una tras otra, Agrupaciones y Hermandades han comparecido ante nosotros, mostrando todo su esplendor procesional para celebrar y rememorar la Pasión, Muerte y Resurrección. O al menos, así ha debido ser.

No cabe duda del crecimiento de nuestra Semana Santa y nuestras cofradías. De como se ha incrementado el número de Hermandades, desde las doce tradicionales a las diecisiete actuales, más las Agrupaciones que esperan turno de entrar en Carrera oficial. Del importante incremento global del número de nazarenos, de la calidad del patrimonio del que disponen las corporaciones cofrades, y que cada año se aumenta. Del magnífico nivel del andar de los pasos, de los exornos y vestimentas,  del nivel de las bandas y hasta de la mayoría de las composiciones interpretadas. Pero, ¿no falta algo?. ¿No da un poco la impresión de que todo lo accesorio ha terminado por desintegrar a lo sustancial? ¿Se ha dado cuenta mucha gente, de lo que de verdad significa esta semana?


En esta sociedad actual donde los valores y el respeto brillan por su ausencia, cada vez se interpreta más nuestra Semana Santa como un espectáculo más, igual que una cabalgata o en todo caso una especie de representación lúdica. Se valora tremendamente la incidencia en el turismo, los resultados de la hostelería y el efecto en la imagen de nuestra ciudad, y al final me da la impresión de que propios y extraños terminamos imbuidos en este círculo de banalización de un evento que no olvidemos, es de índole religiosa. Aparte del comportamiento del público que presencia las procesiones, que no puede ser menos respetuoso e inapropiado, y que merece un capítulo aparte, es también digno de reflexión la forma de conducirnos de cofrades y Hermandades, pues creo que no vamos por el camino correcto. Parece que todo se hace de cara a la galería, buscando el aplauso fácil o el reconocimiento directo y simplón, en demasiadas ocasiones se cae incluso en lo chabacano en el afán de satisfacer el ansia triunfalista de demasiados de los partícipes de nuestros cortejos. La Semana Santa, es una fiesta religiosa, la fiesta de Dios, no es ni de los costaleros, ni de la banda, ni mucho menos para el protagonismo y exaltación de los oficiales de nuestras Cofradías. No caben más protagonismos que los de Jesús y María, que visto lo visto, no es que no sean ya los actores principales, sino que los podríamos considerar meros figurantes. Y sobre todo, apenas se vislumbra por pocos sitios, los misterios que estamos celebrando, y menos el sentido pasional y doloroso que se debe de transmitir al público expectante, que al revés, viene a percibir la Semana Santa como un evento festivalero y desenfadado. Y claro, se comportan en consecuencia.

Por ello, entiendo que pese a todo y de que hayan salido todas las Cofradías a procesionar, no tengo claro que haya sido una Semana Santa plena. Veo que ha faltado la Pasión de Nuestro Señor, ha faltado un sentido apropiado de Penitencia, y en definitiva, ha estado ausente ese gran desconocido para el mundo cofrade que hemos conformado. Me refiero a Jesús de Nazaret, el que murió en la Cruz por todos nosotros y merece que al menos le recordemos de una forma más adecuada. Para eso en definitiva, estaba la Semana Santa.



                                                                                         Ricardo F. Monge Hermoso

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