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Faltan días para el Domingo de Ramos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS. AMOR A CINCHO, MOLÍA O COSTAL.

En las últimas fechas se han venido convocando las primeras reuniones de las cuadrillas de costaleros de los diferentes pasos de nuestra ciudad, señal inequívoca de la proximidad de la Cuaresma. En los últimos años, estas reuniones, han sido una especie de balsa de aceite, puesto que parecía que existía cierta estabilidad en las cuadrillas sanluqueñas. Digo parecía, porque después no era, ni es así.

Volvemos a hablar de un tema muy trillado, y que no es otro que si Sanlúcar tiene costaleros suficientes para soportar dos cuadrillas en todos sus pasos y todos los días, y si son necesarias estas dos cuadrillas para los recorridos que tenemos en nuestra ciudad. Pero ese no es el tema a tratar hoy.

Hoy estas líneas van dirigidas a los cambios que se han producido en la cuadrilla de la Virgen del Amor de la Hermandad del Silencio. Partiendo de la premisa que el trabajo que ha realizado Marco Bobillo y su gente, ha sido un trabajo muy digno todos estos años, la realidad es que los cambios que se están produciendo en el mundo de la costalería en la que se anteponen los gustos desde el punto de vista estético, capacidad de lucimiento, cantidad de relevos, etc. no han facilitado ese trabajo, ni que cuajase una cuadrilla en ese palio.

Consecuencia de todo esto, la Hermandad del Silencio ha venido sufriendo en los últimos años problemas para completar la cuadrilla de la Virgen del Amor. Aunque haya sido una realidad, siempre se ha dicho con la boca pequeña. Como sin querer señalarse o molestar, pero después rondaba por los grupos de cuadrillas de costaleros la solicitud de compañeros que fuesen a echar una mano. Ante esta situación, la Sanlúcar cofrade solo silencio, aplausos a la hermandad por su dignísima Estación de Penitencia, pero poco más. Esos mismos que aplaudían públicamente esas virtudes, después entre bambalinas, sí criticaban lo que pasaba con esa cuadrilla. Comentaban que la Junta de gobierno debería tomar cartas en el asunto, que cualquier año se viviría algo parecido a lo que pasó con Gracia y Esperanza, pero eso siempre después de la adulación pública.

Pues bien, esta Junta de Gobierno ha tomado cartas en el asunto. Decidió nombrar un capataz nuevo para el paso de palio. Y además, un capataz de Jerez que vuelve a traer a Sanlúcar la modalidad de carga de la molía. Una decisión que seguro que la Junta de Gobierno ha recapacitado, meditado y tomado porque piensa que es lo mejor para realizar de manera digna su Estación de Penitencia. Los motivos exactos no los sé. Pero seguro que entre los que han pesado más es el de realizar su salida procesional de la manera que merece esta Hermandad,  sabiendo que esto no es salir en una cabalgata, ni en un desfile de gigantes y cabezudos. He llegado a escuchar que se vuelve a atrás en la evolución que ha vivido nuestra Semana Santa. Parece que el sacar un paso a molía es un sacrilegio, algo indigno, como si los pasos a molía no cumpliesen con los cánones actuales de nuestra Semana Santa. Sinceramente, creo que la forma de carga no va a influir en la imagen ejemplar que da esta Hermandad cada Jueves Santo en Sanlúcar.  También creo que lo principal que debe mover las decisiones tomadas por una Junta de Gobierno es el sentido de lo que se realiza y para qué se realiza. Qué más da que la Virgen del Amor vaya a cincho, molía o costal, estoy seguro que esta Hermandad no dudará de tomar la decisión que sea la más adecuada para que sus titulares salgan a la calle de la manera que se merecen.


Antonio Romero González
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