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Faltan días para el Domingo de Ramos

HERMANDADES DE BARRIO EN EL SIGLO XXI.

Las hermandades del siglo XXI no son hermandades que nacen al cobijo de gremios, vulgos, o  en pequeños guetos excluidos de la sociedad. Las hermandades del  siglo XXI no nacen para dar protección a viudas y huérfanos de los maestros artesanos una vez que  estos fallecían. Tampoco nacen para dar sepultura a pobres desarraigados que no tienen siquiera para poder ser enterrados dignamente. Las hermandades del siglo XXI nacen al amparo de otros impulsos, de otras necesidades, de otros lugares donde realizar su función.
Las hermandades actuales nacen en los barrios. Compendio de vivencias y circunstancias que son el reflejo del día a día, el resumen de la propia vida. Crecen con sus gentes, con sus alegrías y sus penas. Las hermandades nacen hoy para dar cobijo a las personas, igual que las que nacían en siglos pasados. Pero mirándolas de otra manera. Mirándolas de tu a tu, a los ojos, buscando en el interior de cada uno lo que necesitan.
Hoy, estas hermandades de barrio, son el aliento del que se encuentra abatido. Del que no encuentra salida a lo que le sucede. Las hermandades de barrio son los el reflejo de los ojos de los niños cuando reciben sus regalos de reyes. Son las miradas de unos padres agradecidos por poder entregar el material escolar a sus hijos, o puedan hacer las comidas del día gracias a una cocina comunitaria. Las hermandades de barrio hacen que su gente no esté sola. Allá donde haya una sola súplica por el dolor producido por una enfermedad. Donde haya un suspiro de desamparo y de agonía por un hijo descarriado. Allí donde se muestre la necesidad, allí, estará una hermandad de barrio para cuidar de los suyos.
En nuestra ciudad, hace unos años comenzaron a florecer estas Hermandades de barrio. En tres lugares contrapuestos de la ciudad, en los márgenes de la misma. tres barrios de los que podrían llamarse de esos de las periferias, en los tan usados hoy en día, bordes de los caminos.  Estas Hermandades surgieron como una necesidad evangelizadora en sus lugares donde se afincaban, pero también con unas funciones asistenciales muy marcadas.   Estas Hermandades trasladan años introduciendo a cada casa de sus barrios, un suspiro de aire fresco. De esperanza.  Llevan la libertad a los presos por una mala jugada. El alivio al mes que no se acaba. Entre las paredes de las parroquias de La Jara, Bonanza y El Palmar, se cuida con celo a familias necesitadas.
Estas Hermandades han conseguido que sus barrio se hayan hecho Parroquia, y las Parroquias se hayan hecho barrio. Estas Hermandades nacieron con las identidades de sus barrios, y eso ha hecho que la gente haya interiorado que sus Hermandades, el barrio y sus parroquias, son una unidad indivisible. Que juntos, es más fácil pasar los malos momentos. Y que cuando se sale del agujero en el que algunas veces se entra, hay que salir con fuerzas para ayudar a los que hayan entrado en esa situación adversa.


Antonio Romero González.
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