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Faltan días para el Domingo de Ramos

SU ÚLTIMO MILAGRO, LA DESPEDIDA DE SUS CAMARERAS.

El mes de abril estaba siendo lluvioso, de hecho hemos tenido la primavera con más precipitaciones en muchos años. Eran los días de los traslados multitudinarios de nuestra Excelsa Patrona a todas las Parroquias de nuestra ciudad. La ilusión diaria por las visitas a Iglesias y feligresías, se convertían en preocupación por los partes meteorológicos, vivíamos con cada traslado la incertidumbre que se vive en una Semana Santa inestable, pero al final, la Virgen siempre salía. Muchos de los que la acompañábamos empezábamos a pensar que éste estaba siendo el nuevo milagro de Nuestra Señora de la Caridad, evitar los días de lluvia en sus traslados, pero no fue así. 

Por esos días, ya había un rumor bastante asentado y con mucho fundamento, que rondaba transversalmente por diversos sectores de la sociedad sanluqueña. Desde hacía algún tiempo se venía oyendo que los días de la Orden Carmelita en nuestra ciudad estaban contados. Que por diferentes motivos, el Convento de las Descalzas se iba a cerrar.

Sinceramente, al principio no le hice demasiado caso. No se veía un movimiento de la comunidad religiosa cristiana sanluqueña movilizándose por estos rumores, por lo que lo achaqué a la incertidumbre que acompaña a estos cambios que se están produciendo en todas las Órdenes Religiosas. Puesto que estos reagrupamientos que se están promoviendo en las diferentes Órdenes Religiosas traen consigo rumores de cierres, traslados e inseguridades por parte de los afectados sobre su futuro. Pensaba que un Convento como el sanluqueño, nunca se podría cerrar. Por su historia, por su valor artístico, y por el arraigo que presenta la Orden en Sanlúcar.

Así, mientras se iban confirmando pasos para este cierre, seguían produciéndose los traslados de nuestra querida Patrona. Seguía desafiando a las inclemencias el tiempo, bordeando días de viento, frio y agua, para poder ir de un rincón a otro de nuestra ciudad, para que ningún sanluqueño la sintiese lejos. 

De esta manera se llegó al que iba a ser el último traslado de la Virgen de la Caridad. Era 28 de abril. Ese día ya había cierto desaliento en las personas más cercanas al Convento porque las noticias que llegaban no eran para nada halagüeñas. Ese día 28, la Virgen iba a visitar a sus camareras, a las Carmelitas Descalzas. Y ellas como buenas servidoras de Cristo y de su Madre, estaban jubilosas por esta visita, despreocupándose de cuál sería su futuro más inmediato. Ya en esos días, varios grupos de personas comenzaron a movilizarse buscando dar una solución al problema, intentando revertir ese pequeño porcentaje que existía de permanecer en nuestra tierra. (Aquí me gustaría comentar, que me ha resultado desalentador que los únicos movimientos que se han llevado a cabo, han venido por parte de sectores civiles de nuestra ciudad, Asociación amigos del convento, asociaciones culturares, históricas y fundaciones, sin que los que nos llamamos pueblo religioso, hayamos hecho nada para evitar que estas mujeres, que han dedicado su vida a pedir por nuestro pueblo, se vayan de nuestra ciudad. )

Todo hacía presagiar que sería otro traslado más. Multitudinario, como casi todos. Emotivo por la visita que iba a realizar la Virgen. Por la gente que la esperaba, y por el ansia con que deseaban las moradoras del convento, ver a la Virgen dentro de la casa donde pasan todos los días de sus vidas. Todo parecía que iba a ser igual. Con el suspense del tiempo incluido… pero no fue así.

Esta vez sí llovió. Y lo hizo para no dar lugar a tregua alguna. Se hizo noche cerrada, de viento, aguacero y frio. Quizás, era solo la excusa que faltaba, para que las ganas que había de que se quedara en el Convento a pasar la noche con sus más cariñosas y fervorosas devotas, se cumpliese. 

El momento en el que se comunicó la decisión de la Junta no lo olvidaré jamás. La alegría tan espontánea que derramaron las Madres Carmelitas al oír la noticia de que la Virgen se quedaría allí esa noche. El aplauso sincero de todos los que allí se encontraban, y el sentimiento que muchos teníamos de posiblemente se estaba viviendo algo único e irrepetible porque el futuro del Convento estaba echado, hizo que ese momento se haya grabado a fuego en mi memoria.

Muchos esperábamos que su último milagro fuese que esa noche que iba a pasar allí, sirviese para que se diera la vuelta a las tornas del futuro de la Orden en nuestra ciudad, pero no fue así. El último milagro que ha realizado nuestra Excelsa Patrona, Nuestra Señora de la Caridad Coronada, ha sido manejar las inclemencias del tiempo a su antojo para así poder pasar la última noche fuera de su Templo, en la casa de sus Camareras, despedirse de ellas, y agradecerles estos cuatro siglos de vida contemplativa y de oración por el pueblo de Sanlúcar.

Antonio Romero González

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